Hace millones de años el panorama en este planeta lo conformaban diferentes procesos y diversos fenómenos que los científicos denominaron como “La Sopa”, un escenario básicamente conformado por un macro océano poblado de organismos microscópicos aferrados al proceso químico de la luz que atraviesa la superficie de los mares.

Evolution, de la directora francesa Lucile Hadzihalilovic, comienza en este mismo entorno en el que comenzó la vida hace millones de años, un fondo marino siendo atravesado por rayos solares que muestra con esplendor toda su biodiversidad. No obstante, su película se titula Evolution, y la estrecha relación que sus personajes mantienen con el elemento líquido primigenio es una bella metáfora en clave ecológica de a dónde se dirige nuestra especie.

Evolution se desenvuelve en la absoluta incomodidad que transmite su logradísima atmósfera y con ella envuelve todo su argumento a través de los tres pilares más contundentes en los que ha destacado: fotografía, diseño de producción y diseño sonoro. 

El escenario árido, volcánico y hostil de Lanzarote potencia esa perturbadora sensación dramática y de aislamiento en la que se encuentran sumergidos los personajes, mujeres y niños exclusivamente. Todos ellos habitantes de un pequeño pueblo costero en el que la figura del hombre adulto ha sido suprimida para dejar paso a una nueva especie, en donde el tiempo se ha detenido para que estas mujeres puedan construir una evolución alternativa.

Los niños viven en una burbuja a medio camino entre el sueño y la realidad, no son muy conscientes de por qué están en esa situación, de si esas mujeres son verdaderamente sus madres y por qué son sometidos continuamente a procesos quirúrgicos por las mismas. Este pseudo realismo mágico se establece visualmente en la película de manera paralela al tema evolutivo a través de esos planos marinos en el inicio.

Al igual que los niños, el espectador ha sido deslocalizado, sus únicas referencias son el entorno y quienes lo habitan, creando así un particular y hermético universo propio. Un universo que se percibe y se hace palpable gracias a su sobria dirección artística, integrada perfectamente en el paisaje conejero, para ello la elección del pueblo de Tenesar en la costa de Tinajo ha sido decisiva.

Este diseño de producción alcanza su propio lenguaje en los interiores, desnudos, desprovistos y fotografiados de manera más pobre que los exteriores, pero que de alguna manera salen ganando en credibilidad. Los espacios interiores en Evolution terminan de conformar el tono en el que se miden las vidas de sus personajes.

Su gran atmósfera y universo propio esconden sin embargo una intencionada y pequeña cortina de humo que impide ver qué hay detrás de todo ese misterio con claridad. No es un problema de omisión de las piezas para la construcción de la historia o que éstas estén desordenadas, nunca se concibieron con el fin de trasmitir, de hacer sentir de alguna manera lo que sienten esos niños.

En consecuencia a este aspecto el montaje se ve bastante afectado y resulta mucho más tedioso y menos ecléctico de lo que cabría esperar, convirtiéndose en ocasiones en una repetición encorsetada de lo que ya hemos presenciado de manera muy esquemática y previsible. En contrapunto, la película se ha sabido beneficiar de esta desventaja en última instancia puesto que ha conseguido lo que se proponía, te sientes mal, no sabes lo que está pasando, quieres escapar de allí.

Tras esta premisa y una vez ha establecido su universo, la película comienza a fluir y a dibujar mejor la situación y a sus personajes a través de la relación entre el niño protagonista y sus captoras, y entendemos mejor, en parte, qué las motiva. Ese vínculo que se irá forjando y el proceso de trabajo experimental de estas mujeres sobre sus supuestos hijos es el eje central sobre el que Evolution ha planteado su personal mitología, reflexiones sobre la sociedad contemporánea mediante herramientas narrativas como la fábula y el cuento, utilizando a un niño como protagonista y la implicación de su inocencia en el conflicto que se plantea.

La mayoritaria ausencia de diálogos y la contemplación de las acciones de sus personajes y sus silencios mediante el trabajo de la puesta en escena y el trabajo con actores en la mayoría de sus secuencias es de una destreza que esta realizadora ya había demostrado en su anterior título (Innocence, 2008), y que ha continuado perfeccionando conjuntamente al elegante trabajo de cámara, esta vez de manera más que sobresaliente a cargo del belga Manu Dacosse.

La habilidosa sensibilidad fotográfica de esta cinta, tanto narrativa como estéticamente, es de una belleza apabullante.

Cabe destacar que Lucile Hadzihalilovic es la esposa del consagrado Gaspar Noé. Compartir su vida con un cineasta tan peculiar debe ser algo decisivo para las inquietudes de su obra.

Lucile Hadzihalilovic y Gaspar Noé. París, 1998.

La composición estructurada de su ambientación sonora resulta de lo más apropiada y es el último pero no menos importante pilar que incorpora para configurar la incómoda ambientación que impregna todo el metraje, los sonidos submarinos dejan paso al incesante ruido del oleaje y del viento que se va intercalando con los agobiantes interiores, sonidos que son percibidos en goteras y en el inquietante eco de estancias y pasillos vacíos, sonidos que estallan en un final ensordecedor aportando un contraste al cierre del relato de una manera muy inteligente.

Un cine independiente Europeo a medio camino entre el cine de autor y el de género, la ciencia ficción en este caso, un tipo de cine que le ha costado a su autora más de once años poder realizar, y es esperanzador que haya encontrado su hogar en Lanzarote y que esta localización haya significado tanto para los logros y virtudes del mismo. Que haya sido coproducida por canarios desde la productora tinerfeña Volcano Films es aún más esperanzador si cabe. Dejando un poco de lado proyectos de largometraje fallidos como Maresía o grandes superproducciones que nada aportan al cine canario en su camino para definirse como industria con personalidad propia, Evolution, como su nombre mismo vaticina, es el primer paso para la comunión de lo lógico, lo plausible y lo real de un posible futuro “cine canario”.

En Evolution veo a unos cineastas franceses, belgas y españoles que respetan los valores del cine que defienden, unos cineastas que han entendido a la perfección el hechizo de Lanzarote y lo han incluido en su película para alcanzar un resultado mejor. En Evolution el entorno no está identificado, no sabemos dónde estamos más allá de que es una isla, es una clara intención universal de sus autores y la auténtica prueba del verdadero plató natural de rodaje que supuestamente son las islas canarias. No todo puede ser convertir nuestras capitales en ciudades griegas mitológicas o modernas, por muy bueno que eso sea. No, hay más vida en evolución ahí afuera.

Evolution ha triunfado en San Sebastián, mejor fotografía y premio especial del jurado, por primera vez una coproducción realizada mayoritariamente en Canarias y por canarios ha obtenido merecidos reconocimientos. Ha sido seleccionada en el BFI London Film Festival, el Toronto Film Festival y se ha podido ver en Sitges fuera de competición, apunta más que maneras a formar parte de un colectivo imaginario cinematográfico muy interesante y parece estar destinada a tener un largo recorrido en festivales. Es, junto con Slimane de Jose Alayón, el baluarte más canario de un cine de autor que respeto y admiro.

Lucile Hadzihalilovic recogiendo el premio del jurado en San Sebastián.

Slimane, Jose Alayón, 2013.

 

Canarias alberga autores de esta categoría, artistas que no necesitan ya de mucho tiempo y recursos para alcanzar lo que supuestamente se proponen las llamadas Film Comissions de cada isla: poner a Canarias en el mapa cinematográfico. Lamentablemente, los intereses de estas comisiones son únicamente el margen del beneficio económico y turístico que podrán rentabilizar por cada proyecto, una industria en donde los canarios no tenemos más cabida que la servidumbre en los puestos más inferiores para superproducciones industrializadas como “Exodus” o “Bourne”.

Debemos confiar en que productoras como Volcano no tardarán en seguir coproduciendo e incluso armando en solitario y con autores canarios ("Dientes de leche" de David Pantaleón, por el momento una coproducción entre Los de Lito Films y Volcano Films) proyectos como Evolution, en el que un valor profundo y canario esté reflejado en la esencia de su cine, ya sea desde una perspectiva meramente estética a una cuestión que albergue un contenido más trascendental.

 

TRAILER DE EVOLUTION:

 

Fernando Alcántara, 28/10/2015

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