Febrero es un mes raro. Está ahí, en medio de la nada, como si pusiera a prueba el comienzo de año, un trecho extraño e indefinido, insulso para los que no se suman al maremágnum carnavalero, o tentativa a la desesperación para los que viven los días esperando las vacaciones.

 

Para la música también es un mes tranquilo, pero es un mes bonito, sin ventas que se disparan por Navidades (en la medida de lo posible, claro está), sin resuello de la desconcertante fiebre de ránkings, sin recuentos ni nominaciones, ni festivales tampoco. Sí, se van cerrando carteles, dando nombres, haciendo boca de verano; pero aparte de eso, cada uno está trabajando en lo suyo, sacando disco, presentando, encerrándose a componer, a grabar… Lo que viene a ser una de las épocas más honestas, o más sin maquillaje del año.

 

De aquí cerca, cabe destacar que Red Beard por fin ha sacado su disco, “Nobody’s gonna bring me down”, ya en todas las plataformas musicales y con videoclip dirigido por Víctor Ordóñez a la vista. Aquí el preview:

 

Desde Islandia, Björk vuelve a las andadas presentando “Vulnicura”, con salida precipitada incluida, debido a su masiva filtración. "Vulnicura" es fruto de su ruptura con Matthew Barney, del corazoncito que le rompieron, y es probablemente lo más sincero y directo que ha hecho hasta hoy.

 

Pero hablando de sinceridades… hoy el protagonista es BENJAMIN CLAMENTINE. Por ser revelación, por ser fresco, porque es probablemente, una de las novedades más relevantes en bastante tiempo. Por su manera de entender la música; por su historia, de esas en las que es difícil discernir entre verdad y leyenda, que bien podrían ser artimañas de márketing (quién sabe). Poco importa, porque lo que sabemos es cuanto menos, conmovedor; y lo que la música nos chiva parece de una pieza, sin laberintos ni distracciones del núcleo.

 

Benjamin Clementine, londinense de padres ghaneses, se asentó en París a los 20 años (ahora son 26) durmiendo en estaciones de metro y con la música como medio de supervivencia. En cierto modo, no tardó en lograr un reconocimiento de la escena local y ser llamado “The French’s English Revelation”, hoy ya hay quien se precipita a decir que es leyenda.

Se cuenta que fue descubierto por un colaborador del sello francés Ekleroschock, cantando covers de gente como Nina Simone o James Brown en el metro, quien le llevó al Festival de Cannes, donde Bensemoun lo conoció, cerrando así el contrato discográfico.

Hasta ahora ese contrato se ha materializado en los EPs “Cornerstone”, “Glorious You” y el disco “At Least For Now”.

 

Con sólo un EP bajo el hombro apareció por primera vez en televisión interpretando su single 'Conterstone' en el programa de Jools Holland. Despertanto, al instante, las pasiones. 

 

Lo primero que viene a la cabeza al escucharle es Nina Simone, pero también algo de Antony Hegarty (Antony & The Johnsons), quien por lo visto ayudó a impulsar su carrera al descubrirlo. El propio Benjamin cita a ellos dos como influencias, aparte de Erik Satie, Édith Piaf o Luciano Pavarotti; aunque asegura que ha escuchado muy poca música a lo largo de su vida (lo que explicaría su originalidad) y que lo que sabe lo sabe gracias a su hermano, quien le dejó su piano, con el cual empezó a tocar a los 15 años.

 

Probablemente su música sea tanta sinceridad, intensidad y tristeza por esa vida que le ha tocado vivir, él mismo asegura que su historia es sus canciones, y es lo que las tiñe de oscuridad. Quién sabe si contarlo en ese lenguaje sea la clave para liberarse.


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