En el documental La gran burbuja del arte contemporáneo, Ben Lewis hablaba sobre la burbuja del arte contemporáneo, similar a la del mercado financiero y que sigue en plena forma en 2014. Mientras veía el documental, enseguida encontré cierta similitud entre los millonarios cuadros de Andy Warhol y Damien Hirst y los precios que establecían muchas firmas de moda de lujo. Aunque los 2 millones de dólares de una obra de Warhol no pueden equipararse a los relativamente modestos 3.500 € que cuesta un bolso de Chanel, creo que en ningún otro ámbito existe una distancia tan brutal entre el coste de producción de una mercancía, es decir, el que debería ser su valor real según los parámetros convencionales (mano de obra, tiempo invertido y materiales), y el precio por el que es vendido. Tanto los coleccionistas de arte como los asiduos a las firmas se guían por criterios que poco tienen que ver con el pragmatismo normalmente asociado a un objeto y deciden desembolsar grandes cantidades de dinero en bellos símbolos de vanidad y estatus.

 

Elsa Schiaparelli, una pionera en muchos aspectos, también lo fue en las colaboraciones inteligentes entre casas de moda y artistas afines. La diseñadora surrealista contó con Dalí para crear algunos de sus diseños más inolvidables, como el sombrero-zapato y el vestido langosta.

 

Para todos estos artistas que venden sus obras en serie, las colaboraciones con firmas de moda suponen una ampliación natural de su producción. En 2007, el mismo año en que Damien Hirst pretendía vender un cráneo incrustado de diamantes por la cifra récord de 100 millones –no lo consiguió-, veía la luz The Row, firma creada por las gemelas Olsen, famosa por vender mochilas de cuero y otros productos a unos 3.000 € cada uno, con la excepción de una mochila de piel de cocodrilo, a la venta por la escalofriante cifra de 24.000 euros. Más tarde, el artista inglés y las diseñadoras colaborarían en el diseño de una mochila con píldoras de colores. ¿El precio? 40.000 euros.

 

Dios los cría y ellos se juntan: mochila de Damien Hirst para The Row, con un precio de 40.000 euros.

 

 

El romanticismo tétrico que caracteriza a la obra de Hirst era perfecto para una firma con igual fijación por lo oscuro: Alexander McQueen. Dicho y hecho: la colaboración tuvo lugar en 2013.

 

Poco después, en 2010, el mundo de la moda enloquecía con las chaquetas de inspiración punk de Balmain (una firma olvidada que resurgió gracias a su diseñador, Christophe Decarnin), a unos 10.000 € la pieza. Quizás para mantener la coherencia de precios, la marca vendía camisetas de algodón con agujeros por 200 euros, toda una excentricidad. Si al artista contemporáneo de renombre le basta con estampar su firma en un montón de cajas de cartón y basura desperdigados por la sala de un museo para venderlo por 10.000 euros –eso si sobrevive a los empleados de limpieza-, el diseñador más “in” de la temporada hace lo propio cosiendo una etiqueta con su marca en camisetas, zapatillas de deporte y bisutería de 200, 400 y 500 euros. La extraña lógica por la que se rigen este tipo de actividades parece resumirse en la siguiente idea: el precio de una mercancía, por exagerado que sea, siempre será legítimo en tanto que haya alguien dispuesto a pagarlo.

Louis Vuitton es otro de los grandes nombres que ha buscado un prestigio extra para su marca (recordemos que Vuitton es uno de las firmas que más se ha visto perjudicada por las imitaciones baratas) asociándola a varios artistas vivos de fama mundial: Takashi Murakami, Yayoi Kusama, Olafur Eliasson, Daniel Buren y Richard Prince.

 

 

La obsesión neurótica de la octogenaria Yayoi Kusama por los puntos se tradujo en llamativos bolsos y otros complementos para la firma francesa.

 

No solo de bolsos viven las ‘joint ventures’ de la moda: el artista conceptual Daniel Buren diseñó tanto el desfile como la campaña de Vuitton para la primavera de 2013.

 

Los chocantes estampados de Rob Pruitt llamaron la atención de Jimmy Choo, firma que le fichó en 2012. Este bolso de panda con cristales Swarovski se vendió en Net a Porter por 10.000 euros.

 

Si Prada y LV se apuntan a asociar sus nombres con el mundo del arte, también lo hacen franquicias como H&M: la cadena de tiendas sueca ha colaborado con Jeff Koons, artista pop famoso por sus esculturas cómicas a gran escala, para estampar bolsos con la fotografía de una de sus obras más icónicas, 'Balloon Dog'. No solo eso: la marca ha inaugurado una exposición dedicada a su nuevo colaborador artístico, así como una nueva decoración para su 'flagship store' de la Quinta Avenida cuyo lema reza lo siguiente: 'Fashion Loves Art'. Pues sí.

 

 

 

 

 

 

 

 

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"La moda no es algo que sólo exista en los vestidos. La moda está en el cielo, en la calle, tiene que ver con las ideas, con la forma en la que vivimos, con lo que está pasando."
Coco Chanel

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