Ya huele a primavera. A campitos que ya se han teñido en verde, al sol agradable que ni lánguido ni picón… y a la maravillosa sensación de que al frescor ya le queda menos para hacer las maletas.

Sí, huele a primavera pero parece que de eso sólo se entera la comunidad de insectos, que con tanto frenesí son muy pocas las personas que viven los meses como este de manera templada. Muy pocas las que pasan el trecho que separa las Navidades del verano sin grandes apuros, disfrutando el camino sin recurrir a la clásica artimaña de manipular los tiempos pasado y futuro. Parándose por un segundo a comprobar que por las mañanas cantan más pájaros, que hay muchas más flores en los jardines, y que lejos del radio urbano abunda el verde, y sólo una vez al año brilla así.

No, la gran mayoría somos de esos rezagados que cubren espacios revolcándose en recuerdos agradables, y de los impacientes que se dedican a empujar el tiempo presente con chutes de planes de futuro, acaparando los silencios y blancos con diseños del inciso más próximo.
 

Y es que es muy agradable rumiar cómo voy a chocarle las cinco al jefe y desearle mucha suerte con carcajada maléfica, al menos por un tiempo. Saber que horas más tarde estaré llevando a cabo mi plan. Ya sea en Tailandia o en el sofá de casa. En la calle con la cerveza de la gloria o con esa misma cerveza pero en un festivalazo. O en la cola del festivalazo, llegando tarde pero con el corazón acelerado de escuchar el resuello de los bajos y el griterío de las multitudes… ¿o sin multitudes? ¿y sin griteríos? ¿y sin los volúmenes de sordera a los 30?  ¿Por qué no?


Todo el mundo sabe en qué consiste un festival común; escenarios grandes, nombres grandes, cabezas de cartel, comida, bebida (todo a su supuesto debido precio), algo de postureo, pero también mucho enamorado de la música y de que 20.000 cabezas estén escuchando lo mismo, vibrando con lo mismo durante un día, o tres, o más… Es bonito. Pero es que del FIB, Sónar, BBK, Low Festival, Primavera Sound… ya ha escuchado todo español hablar. Y aún más si nombramos Glanstonbury, Tomorrowland, Lollapalooza o Coachella.

Éste último, quizá de los más especiales, Coachella. No deja atrás la masificación, pero convierte el festival en un campamento con todas las diversiones posibles. 

Así que omisión de lo mascado, y pasamos a lo que consideramos festivales con personalidad: festivales que se alejan del maremágnum humano, de la disposición habitual de súper-escenarios repartidos en una localización agradable....  Y nos pasamos a los que cuidan otros aspectos: la magnitud, el lugar, las formas, la programación, la relación público - artista, y hacen del festival, una esperiencia aún más única.

 

SINSAL FESTIVAL  |  España

Pues al contrario de lo que dice el nombre, es un festival la mar de salao. Para empezar, tiene lugar en la mágica (o tétrica, según lo que hayas querido indagar sobre la isla) Illa de San Simón, en Vigo. 

Son tres días de música en horario diurno, para la familia o la parranda... Y lo más importante... no sabrás qué programación hay hasta bajarte del barco y que la música empiece a sonar.

 

FESTIVAL ERA  |  España

Con el concepto de festival rural de música alternativa y electrónica, nace para alejarse del frío de los festivales grandes y acercar el público al artista, igualándolos y dando carácter intimista al festival, que tendrá lugar en una masía idílica en Llagostera.

 

PIKNIC ÉLECTRÓNIK   |   Montreal, Barcelona

Familias y amigos se reúnen para disfrutar de un picnic “ecológico”, acompañados de música electrónica, todos los domingos de verano.  

Empieza por hacerse en 2003 en Montreal, y se expande en 2013 a Barcelona, con vistas a hacer lo mismo por más países de Europa. En resumen: música electrónica, sol, picnic... y gratis. El plan es coger la cesta con su debido mantel, hacerse hueco en el césped y escuchar.

 

Existe un festival similar en Bruselas, llamado PiKniK ELECTRO, con el mismo concepto:

 

FESTIVAL AU DÉSERT   |   Mali

Se trata del único festival del mundo que tiene lugar en el desierto, y para llegar ha de hacerse un viaje de 3 días en camello por el desierto del Sáhara. Se estrenó en el año 2001, y es uno de los eventos más importantes de la cultura tuareg y de la música africana, aunque participan músicos de todo el mundo.

Son tres días de música, baile, artesanía, poesía y camellos; de vivir en tiendas de campaña (tampoco los artistas tienen hotel), y de disfrutar el arte.

 

ICELAND AIRWAVES   |   Islandia

Es ni más ni menos que un festival en Islandia en el que los músicos tocan al pie de aguas termales, y el público... ¡en las aguas termales! Cinco días de extrema locura que se hace a principios de Noviembre en Reykjavík.

 

Y así anuncian los artistas confirmados para la edición de este año:

 

Ver para creer.

 

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