Miguel G. Morales ha retratado en sus obras a personajes imprescindibles como César Manrique o la generación canaria vinculada a la revista Gaceta de Arte. Él mismo confiesa que los quiere a todos como un escritor quiere a sus personajes, y que ya forman parte de su vida.

Esta semana le he pedido que nos hable de ellos y del género documental.

 

En tu obra tiene un gran peso el género documental, ¿qué es lo que te ofrece?

Me da libertad para contar y en ese momento de mi vida, es importante. Ahora intento mostrar historias pequeñas y personales que siempre he querido plasmar o que me he ido encontrando; quizás buscando un cine, dentro del género documental, más como “medio” de expresión que un cine como “fin”. Rescatar a tal autor o hacer un retrato de un pintor, eran películas con una determinada búsqueda.

Desde hace un tiempo, he cambiado de rumbo. Es como si mi otro yo, de 19 años, que terminaba de estudiar cine en Cuba, haya venido a rescatarme con su mirada inocente, con más curiosidad y con ganas de poner el contador a cero. He decidido empezar esta nueva etapa con la historia de mi primera cámara, con un cortometraje muy humilde y sencillo. 

 

¿Cómo surgió la idea de realizar el documental Taro, el eco de Manrique?

Taro viene a cerrar una etapa que en cierta manera me marqué siendo muy joven, cuando comencé este extraño compromiso personal de intentar dar luz a determinadas historias de la cultura de estas islas que me fascinaban. Manrique era y es para mi la idea de que “otra” Canarias fue posible en un determinado momento de nuestra corta historia.

Es una idea que tiene que ver con la universalidad, con la modernidad y las ganas de “mirarse” siempre desde fuera. Hace 14 años pensé que tenía que terminar este camino, en forma de piezas documentales, con una película relacionada con César Manrique.

Cuando terminábamos de rodar la película sobre Ignacio Aldecoa, le propuse a la Fundación César Manrique un proyecto y un guión que intentara reflejar de otra forma a César. Cómo vuelve a su isla, cómo logró el sueño de crear una isla utópica y cómo ese sueño se convirtió en pesadilla. Contado su mundo en primera persona y que transmitiera la concienciación que César promulgó siempre. Esa concienciación civil me parece que fue su mejor obra, y aún pervive.

Teaser de Taro, el eco de Manrique. Pulsa aquí para verlo.  

 

El discurso de la naturaleza de César Manrique, de desarrollo con conservación del patrimonio y de protección de la biodiversidad, ya se encontraba en contracorriente con la filosofía imperante de su momento. ¿Cómo crees que se traduce hoy en día?

César fue un tipo incomprendido en su momento y así se cuenta en la película. Es lo que tienen que pagar, a veces, algunos adelantados a su tiempo. Recordaba años más tarde José Saramago, “ César sencillamente tenía razón y fuerza”.

Le debemos a Manrique mucho en todo el mundo, no solo en esta tierra. Su ejemplo es universal y sigo pensando que aún no hemos comprendido realmente su sencillo y rotundo mensaje. Es muy triste que a estas alturas no hayamos entendido que el turismo ideal para esta tierra es el de calidad, exclusivo, con mayor nivel cultural y que venga en menor cantidad. Cuidar, conservar, recuperar nuestro entorno y en algunos casos tirar abajo las cosas mal hechas.

Me parece una falta de visión tremenda proponer las prospecciones petrolíferas en las costas de Fuerteventura y Lanzarote. Creo que es necesario estar en una actitud de lucha por nuestro territorio, somos unos pedazos de tierras muy pequeños, bellos, pero muy pequeños para estar jugándonos el futuro de esta forma.

Foto de la Fundación César Manrique.

 

También has demostrado un gran interés por la generación de la Segunda República Española, vinculada a la revista gaceta de arte. ¿Qué me puedes contar contar al respecto?

Fue el comienzo de este camino que termina con Taro. Cuando tenía 17 años, y tenía la suerte de poder estudiar cine en Madrid, descubrí allí que un señor llamado André Breton había visitado las islas y que además había inaugurado la primera Exposición Internacional del Surrealismo en mi isla. Me cabreó mucho conocerlo con esa edad, fuera de mi tierra y de casualidad. Cuando volví de Cuba, tuve el honor de conocer en persona a muchos artistas y escritores que conocieron a esa generación de oro de la cultura canaria.

Poco a poco me fui dando cuenta que esa gente sufrió un “doble” silencio generacional, primero el impuesto por el golpe de estado fascista y el segundo, el que transcurrió desde que murió su último integrante. Me parecía muy justo intentar rescatarlos de alguna forma, aparte de que me atrajeran sus historias por separado, algunas de ellas épicas.

Por otro lado no he pretendido contar de forma cerrada sus historias, no son biografías, son visiones personales de sus obras y su vidas. Si lees ahora mismo gaceta de arte, puedes descubrir una frescura y una radicalidad necesarias más que nunca hoy en día. Además ellos tuvieron un claro compromiso con la sociedad que les tocó vivir, querían un mundo nuevo, una modernidad inteligente, situar a Canarias en el mundo. Tocaron con sus dedos la vanguardia mundial de aquel momento.

Bretón y el grupo de la Gaceta de Arte. 

 

 

Me gustaría destacar Aislados. La esencia de un espíritu y Los mares petrificados. Domingo López Torres, por su labor de investigación, y también por dar una voz a estos artistas canarios que no han sido tan difundidos como merecen. ¿Qué te impulsó a realizarlos?

Me emociona pensar en Domingo Pérez Minik y en Domingo López Torres. Currantes, pobres, curiosos, radicales, modernos, inteligentes, entusiastas, comprometidos y libres. Aislados fue mi primer largometraje documental, es una obra puramente testimonial, con transmisión de recuerdos, vivencias y esbozos de cómo eran aquellas personas. Se centraba esa película en intentar dar luz al espíritu que les unía. Como gentes tan dispares como Agustín Espinosa, Eduardo Westerdahl, Pérez Minik, López Torres, Emeterio Gutiérrez Albelo o Pedro García Cabrera podían confluir en un experimento que salió tan bien.

Por eso el subtítulo de la película “la esencia de un espíritu”. Intenté acercarme a ese rumor que quedó de ellos con la ignorancia de un joven que ansiaba de su legado. El documento queda ahí y fue la puerta de entrada a un mundo fascinante que me llevó muchos años de mi vida. Hasta que conseguimos, con mi amigo Leoncio González, levantar el proyecto de Los mares petrificados. Intentar dar luz al bochornoso asesinato de la mente más potente y rica de esa generación.

Costó encontrar su rastro y quisimos que fuera algo que diera dignidad a Domingo López Torres. Vuelve la emoción al recordarlo. Emoción, esa fue la palabra que destacó por encima de todo, un endeble Domingo Pérez Minik en su última intervención pública.

Domingo Pérez Minik, Domingo López Torres, Roma y Óscar Domínguez en 1933. 

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